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Cómo escribir un artículo sin morir en el intento

Post escrito por Juan Sobejano



Un día me dijo Ángel, “Juan, que estaba pensando en publicar un artículo largo, de profundidad, sobre un tema que nosotros dominemos e incluso sea estratégico en nuestro modelo de consultoría” (bueno, no me lo dijo con estas palabras, pero más o menos, que uno ya está mayor para recordar a corto plazo). “Claro”, le respondí yo, “¿un artículo?, eso está hecho, ¿de cuántas palabras?”. “A ver, creo que no me has entendido, me refiero a uno cada mes o mes y medio y de unas 8.000 palabras mínimo”.

Reconozco que mi voz interior se rio de mí (“menudo marrón te acaba de caer”), puse sonrisa bobalicona de foto con cuñaos y le respondí, “claro, sin problema, me pongo a ello”. ¡Ala!, ahora torea tú ese morlaco.

Lo primero que pensé fue, “se lo doy a ChatGPT y que se las apañe”, pero no me pareció ni honesto (uno todavía se rige por una cierta ética, mínima, pero cierta), ni el resultado iba a ser el deseado. Entonces me acordé de una máxima de Aristóteles (esas son mis referencias, qué le vamos a hacer, otros piensan en Jimmi Hendrix o Maluma, yo pienso en Platón y Descartes; ya me lo dice mi mujer, “eres más aburrido que una silla de biblioteca”), una máxima que dice que “la virtud está en el justo medio”. Así que decidí que lo mejor era ni hacerlo yo a pelo, con perdón, ni dárselo todo a la IA. Un fifty-fifty, como dicen los… bueno, alguien lo dirá, que yo lo he oído.

Vale, ya tenemos el cómo, pero ahora falta el qué. ¿Sobre qué voy a escribir? Pues sobre algo de lo que ya hayamos escrito antes, pero profundizando y, en cierto modo, creando un documento canónico sobre el tema, que es una forma de decir que voy a crear una guía, pero suena más importante.

Tuvimos una reunión muy tensa Ángel y yo para elegir el tema. Ángel empezó diciendo, “vas a hacer un manual de design Thinking”. Y ahí se acabó la reunión. Creo recordar que mis únicas palabras fueron, “vale, me pongo a ello”. Esa fue mi aportación.

Y a partir de aquí es cuando voy a explicar todo el proceso de escritura/creación de esta y todas las guías que hemos publicado.

El contexto

Trabajamos mucho con la IA, pero nunca, nunca, nunca es ella la que toma las decisiones. Absolutamente todo lo que le pedimos que haga es revisado, en este caso por mí, y modificado convenientemente hasta que yo sienta que puedo firmar ese texto como mío. La IA siempre es una herramienta, no quien toma las decisiones.

Por eso, porque trabajamos con la IA, es importante partir de un marco de trabajo, es decir, un contexto. Hemos de empezar indicando a la IA qué vamos a hacer, cuáles son nuestros objetivos, de qué medios disponemos y qué personalidad queremos que ella asuma.

Sin este prompt previo noto como que las respuestas se difuminan, pierden concreción y foco, y aumenta la repregunta y, por tanto, la información basura. Llamo “información basura” a toda aquella información que le doy a la IA pero que he de matizar o completar, o a toda aquella que me da la IA que no tiene valor. En definitiva, a toda aquella información cuyo tratamiento aumenta el tiempo de trabajo y la pérdida de foco.

La búsqueda y gestión de la información

Uno puede pensar que lo primero que hice tras definir el contexto fue bucear en internet para buscar referencias, guías y libros sobre design Thinking, pero no. Lo que hice fue buscar todo lo que habíamos escrito nosotros sobre el tema. Aquí empecé a trabajar con la IA y, tras adjuntar el enlace a nuestra web, le dije que buscara todo lo que habíamos escrito sobre el tema. Hizo un análisis en un minuto que a mí me hubiera llevado toda la tarde.

Las causas de esta limitación de fuentes son claras:

1.- Los contenidos creados ya han tenido un proceso de búsqueda de fuentes, haciendo el conveniente cribado y separación del trigo y la paja

2.- Queremos crear manuales de aquello que consideramos que somos referencia, no se trata de manuales de investigación, sino de consolidación y ordenación de la información que ya tenemos

3.- También son, estos manuales, herramientas de marketing (qué publicación empresarial no lo es hoy en día), por lo que tratamos de ser autorreferentes

4.- Y, no seamos modestos, escribimos sobre aquello en lo que somos una referencia, sobre temas que dominamos y que para nosotros son vertebrales.

Una vez se tiene la información, y se ha metido adecuadamente en la IA, es conveniente ordenarla. Tengamos en cuenta que son temas muy amplios, por lo que todo lo que hemos escrito sobre cada uno de ellos está hecho desde distintos puntos de vista, y eso hay que ordenarlo. También con la IA.

La estructura

Una vez que tenemos el contexto (hemos definido el campo de juego) y la información (tenemos los materiales para empezar a jugar), es hora de definir los pasos que vamos a dar, y para eso es necesario disponer de un índice. En este caso volvemos a la IA y le pedimos un índice según nuestras especificaciones: contexto definido, objetivos, extensión, temas que sí o sí ha de tratar, temas que no queremos que toque… todo aquello, en fin, que creamos importante. Y lo pedimos.

Nunca suele ser, la primera versión, el índice definitivo. Siempre necesita cambios, limpieza, reordenación, lo que sea, pero que quede a nuestro gusto. Ese trabajo de refinado es fundamental, porque define el enfoque que le vamos a dar. No quiere decir que el índice sea inamovible una vez empecemos a escribir, ya que se puede modificar, y de hecho se suele hacer, pero sí supone el 80 o 90% de lo que se ha a desarrollar.

La escritura

Odio la página en blanco. Lo siento, llevo muchos años escribiendo y con mucho material publicado, pero no consigo quitarme de encima esa inseguridad que siento ante una página en blanco que me mira y me reta a escribir algo mínimamente digerible. Por eso (¡oh, sorpresa!) también utilizo la IA para una primera versión.

Una aclaración previa. Antes de pedirle a la IA cualquier texto hicimos un análisis de mi estilo. Le pedí a la IA que buscara todo lo que he escrito y publicado en la Red, lo analizara y definiera mi estilo. Lo que me dijo, resumido, es esto:

El estilo Sobejano es una escritura ensayística, crítica y humanista aplicada a la empresa, la innovación y la estrategia: no parte de la respuesta fácil, sino de una pregunta incómoda, de una paradoja o de un concepto mal entendido. Su modo de escribir combina reflexión filosófica y utilidad práctica, define antes de proponer, matiza antes de afirmar y desconfía de las palabras convertidas en moda —innovación, transformación, liderazgo, tecnología— cuando se usan sin pensamiento. Es un estilo que busca comprender antes que resolver, poner a las personas en el centro sin sentimentalismo y cerrar cada texto con una tesis clara: pensar mejor es la condición previa para actuar con más criterio.

Me gustó, no lo voy a negar. También le pedí que hiciera un análisis desde el punto de vista sintáctico, y esta fue su respuesta:

Desde el punto de vista sintáctico, el estilo Sobejano tiende a una frase amplia, argumentativa y matizada, más cercana al ensayo que al texto periodístico rápido. Abundan las oraciones compuestas, las subordinadas explicativas, los incisos entre comas, las estructuras adversativas —“no es tanto… como…”, “sí…, pero…”, “sin embargo…”— y las preguntas retóricas que sirven para abrir el pensamiento antes de cerrarlo. Alterna periodos largos, donde despliega una idea con cautelas y derivaciones, con frases breves de remate que funcionan como golpe conceptual. No busca una sintaxis minimalista ni puramente funcional, sino una sintaxis que reproduce el proceso de pensar: avanzar, detenerse, corregirse, matizar, oponer una idea a otra y finalmente formular una tesis.

También me gustó.

Teniendo esto en mente empecé a pedir una primera versión del artículo de la siguiente manera: pido una versión de cada uno de los puntos indicando que no ha de seguir estrictamente el estilo Sobejano, ya que es demasiado discursivo y no es adecuado para una guía, pero que mantenga los principios de humanismo y pensamiento crítico.

Una vez pedido y recibido uno de los puntos lo leo, lo analizo, lo modifico, lo vuelvo a pedir si es necesario y lo reescribo. El resultado ha de ser mío, no de la IA. Ha de ser algo que yo firmaría.

Revisión general

Así voy punto por punto del índice, y una vez completado todos los puntos hago una revisión general para analizar estructura, sentido, cumplimiento de objetivos y arte. En esta última parte, el arte, trato de darle una imagen adecuada, con gráficos, imágenes y aquello que sea necesario que ayude a mejorar la comprensión y el estilo del manual/artículo.

El artículo ha de tener sentido, ha de ser útil para el que lo lee y ha de cumplir los objetivos iniciales. En esta fase se suele reescribir algunas cosas, eliminar otras y añadir alguna más. Sólo cuando tienes una visión de conjunto es cuando te das cuenta si las piezas encajan adecuadamente y si el resultado es el adecuado.

Por supuesto, todo es mejorable y siempre se me escapan cosas y podría hacer otras mejor. Por eso, una vez terminado el artículo se pasa a revisión de Ángel para el visto bueno final y su publicación.

Solemos incluir en la publicación un vídeo generado por NotebookLM (ahora Gemini Notebook) con un resumen del artículo/guía, que suelen ser muy largos.

De este modo hemos escrito los artículos:

–Guía definitiva del Design Thinking Aumentado

–Validación de proyectos de innovación

–Cultura de la innovación

–Métricas y contabilidad de la innovación

–Innovación aumentada

Mi recomendación: no se pierdan ni uno, revísenlos, ténganlos como guías de consulta. Y no dejen de leernos, que vendrán más.

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